NARCISO

Asome mi cabeza y contemple en la superficie del lago mi reflejo. La perfección de mi rostro me provoco una erección. Mis facciones esculpidas con la mayor precisión y belleza enmarcaban mi sensual mirada, mis carnosos labios y mi estilizada nariz. Palabras como deseo, orgasmo o nirvana no alcanzaban a definir mi ser. No podía dejar de mirarme, llegando a la terrible conclusión que siempre estaría solo, ya que mi atractivo era inalcanzable para cualquier ser humano. Yo era perfecto y el resto eran simplemente humanos. Iluminado por la luz de la luna, la majestuosidad del lago intentaba infructuosamente eclipsar la mía. Mientras me deleitaba admirando mis aerodinámicas aletas nasales, note una punzada en el cuello. Sobre el reflejo del agua vi como dos líneas carmesíes descendían por mi cuello. Por el rabillo del ojo intuí algo. Me gire y lo vi.
Un ser pálido, de nariz ganchuda y mirada vacía. De sus colmillos estratosféricos goteaban lagrimas de sangre. Desagradable pensé. Lo sublime provoca envidia en los seres mediocres. El anémico individuo se esfumo en una tétrica niebla. Dos puntitos en mi cuello no podían alterar una obra maestra. Un intento fallido del destino para destronar mi esencia.
Levite hasta el lago y me asome al espejo liquido para apaciguar la desagradable experiencia. Mire y volví a mirar. Un escalofrío. No intuía mi reflejo. Veía la luna dibujada sobre el lago. Divisaba los árboles simétricos ¿Pero donde diablos estaba mi reflejo?
Me busque durante horas y no me encontré. Como podía ser perfecto si me habían impedido deleitarme con mi sublime armonía .
Una lagrima cayo en el lago.
Las ondas propagadas atestiguaban que yo estaba allí.

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La mayoría de las veces uno nunca sabe de donde surgen las ideas. Sorprendiendo a uno mismo y admitiendo que la creatividad no tiene limites. Estas son una pequeña, pero maravillosa, parte de mis ideas.